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La imposición de la moral como ley

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La reciente aprobación legal de la unión de parejas homosexuales   legítima un fenómeno social que existía de tiempo atrás y los inserta  formalmente en la  comunidad. Es un esfuerzo  por parte del gobierno capitalino y organizaciones civiles  de congruencia. Avalado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes en esta ocasión si merecen el reconocimiento publico de que hicieron su trabajo conforme a derecho. La última muestra de esta tendencia es la aprobación de la adopción por parejas del mismo sexo.

 

La unión de parejas del mismo sexo y la posterior adopción ha sido tema de polémicas encarnizadas entre Estado e Iglesia, arcaica batalla entre el pensamiento liberal y pensamiento conservador exhiben que la alta jerarquía católica confunde los micrófonos con su pulpito y tienen la certeza de que el país es una extensión más de la catedral metropolitana  en donde ofician su homilía dominical y atrevidos envisten a  lo que daña su frágil concepto de moral. No es monopolio de la religión católica arrojarse con argumentos de corte oscurantista cuando las disposiciones legales contravienen los conceptos de su rancia concepción del “BIEN”  del “DEBER SER”.

 

Es lesivo concebir por parte de los ministros de culto en general que a los homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales se les considere  un objeto  al que hay que compadecer y no un sujeto de derecho. Se convierten en los jueces supremos de la decencia, fijan parámetros de lo bueno y lo malo, por que no echan un vistazo al interior de su institución, tal vez encuentren especimenes verdaderamente raros, de esos con alza cuellos, a esos a los que les gusta tocar a los niños, a los que un cuerpo infantil no les despierta ternura sino deseo carnal pero seamos benevolentes, no son pederastas, ellos están enfermos.

 

Los prelados deben tener muy clara la idea de que si ellos quieren ser participes de la democracia tienen su lugar bien establecido dentro de ella, son ministros de culto con derechos y obligaciones regulados por un Estado de derecho respetados en su libre elección de profesar la religión que más comulgue para con sus ideales de vida pero este derecho genera la obligación de respetar a las personas que no comulguen con el estilo de vida que cada quien elije. Ese contrato de convivencia no es RESPETADO. No se puede fijar como parámetro para construir un marco jurídico incluyente y progresista dogmas religiosos que rigen a un sector muy especifico de la sociedad

 

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Escrito por chahuixtle

noviembre 12, 2010 a 4:13 am

Escrito en Uncategorized

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